Nosotras

“¿Nosotras? ¿Hay alguien más aquí?”, le preguntó Atreyu a Morla.

“Nosotras no hemos hablado con nadie desde hace miles de años,

así que empezamos a hablarnos a nosotras mismas”,

le respondió la vieja tortuga.

(La Historia Sin Fin, Michael Ende)

Hablando con nosotras mismas nos hemos encontrado últimamente. Nos hemos dado cuenta que nos gusta hablar la una con la otra (por la falta de blog), y que una tiene cosas que recordarle a la otra… ya, ya, calma que no estoy loca (creo, jeje). Hablar consigo mismo (me enteré ayer) hasta lo recomiendan en Sesame Street. Es una manera de recordar el objetivo en mente, de enfocarse, de no distraerse de la meta. “Eye on the goal” (¿O es “the ball? Anyway…)

Así que estamos diciéndonos a nosotras mismas ciertas frases durante el día, para no distraernos con la realidad… jajaja, eso suena un poco loco también, a ver, me explico. Es que a veces el día a día  puede ser árido, entonces  se nos olvida que tenemos una mente que es un océano. Así que la Chica del Panda Tattoo le dice a la mamá-lavaplatos que tiene que vivir con la expectativa de que ocurran cosas maravillosas: “vive con la expectativa de que te ocurrirán cosas increíbles”  (ha estado oyendo demasiado el Morning Uplift de The Honest Guys).

Nosotras estamos editando un libro maravilloso (ya les habíamos dicho que iban a ocurrir cosas maravillosas en nuestras vidas ¿No?) que es nada más y nada menos que lo mejor de este blog. Se llama “Siete maletas y siete ciudades, relatos de una mamá con sueño”. Nos encanta editar, pero también extrañamos escribir, así que aquí estamos. Pero  no hemos blogueado desde hace miles de años y empezamos a sospechar que se nos está olvidando cómo…

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Oídos prestados

 

 

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De repente ayer, un día como cualquier otro, me traen el café más bello de mi vida, y además, con la imagen de un oso (si esto no es una señal del destino, no sé qué es, jeje). Así que  me tocó escribir. No he estado posteando con regularidad porque estoy  editando un libro con lo mejor de este blog, y como he estado blogueando desde el 2010, me está tomando una buena tajada de tiempo; pero estoy feliz pues ya por fin se le está viendo forma.

He estado trabajando en cafés, en mi casa, en la biblioteca, e incluso en gran parte de las dos semanas de vacaciones de mamá que estuve en Caracas (fui  a visitar a mis papás, sin mis hijos). Sin embargo,  en los cafés aquí en Ciudad de Panamá, aunque he hecho todo lo posible en concentrarme en lo mío, no  he podido dejar de prestar atención a las entrevistas de trabajo, o de agentes de bienes raíces, a venezolanos que, según he podido oír sin querer-queriendo, acaban de llegar. Algunas parecen legítimas, pero en otras me provoca voltearme y decirles “¡Huye por la derecha!” Ya se verá  en qué terminará este experimento social en que tanta gente preparada llega a un país tan pequeño, en tan poco tiempo (no son solo venezolanos, por cierto, también están llegando, pero en menor cantidad, argentinos, españoles e italianos).

Volviendo a lo del libro, espero tenerlo listo pronto y que lo disfruten, para que vean, oigan y sientan con los ojos, oídos y piel, no solo míos, sino de mis hijos también, ya que los mundos de otros enriquecen los propios. Por ejemplo  anteayer S (mi hijo menor de cuatro años) me dijo, mientras ordenaba su cuarto: “mami escuché una ballena” y yo sorprendida y maravillada a la vez, pues hacía unos pocos minutos había terminado la práctica de una banda marcial colegial que tenemos cerca, la cual me estaba volviendo loca. Es decir, yo malhumorada por  el estruendo, y él escuchando  ballenas, desde el mismo apartamento y casi al mismo tiempo (él las “oyó” después de que terminara el ruido) “¿De verdad?” le pregunto, y me dice “sí, estaba ahí en el mar”, y señala hacia el Océano Pacífico, el cual se ve desde su habitación. “¿Y yo la puedo oír?” le pregunté y me dijo sin mirarme, mientras seguía ordenando sus juguetes, “sí”. Sonreí, mientras pensaba, gracias S por prestarme tus oídos para oír ballenas. Te quiero.

 

Un puntito con un rayo láser rojo

Imagínate que somos personajes de ficción  tú y yo, y que nos elevamos  como quien está viendo Google Earth, y que llegamos a estar tan alto que vemos a los carros como hormigas y a la gente como puntitos. “Vistos desde aquí, las personas  no somos más que puntitos”, me dices y te guiño el ojo. Nos elevamos más. Entonces, como si estuviéramos viendo un mapa decidiendo a dónde queremos viajar, nos damos cuenta que nuestra ciudad no es sino otro punto. “Nosotros, entonces, somos un minúsculo puntito que hay que imaginarse  dentro del puntito que sí se puede ver, que es la ciudad”, me dices y yo sonrío. Seguimos subiendo y salimos al espacio. Ahora el punto que se puede ver es la Tierra.

Seguimos subiendo y subiendo, y pasan a ser puntitos, primero el sistema solar, luego incluso la Vía Láctea. Ya a estas alturas hay que usar muchísimo la imaginación para recordar a aquellos puntitos  microscópicos que vimos al principio, es decir, a los humanos: 7 mil millones de puntos que existen dentro de otro punto minúsculo que ni se ve desde donde estamos.

Entonces llegamos al confín del universo y nos encontramos con un montón de escritores enormes, que tienen la capacidad sobrehumana de vernos y oírnos. Uno de nosotros les dice: “¡Los descubrimos! ¡Sabemos que existen! ¡De ahora en adelante hacemos lo que nos dé la gana!” y les sacamos la lengua. Algunos de los escritores, los más viejos, se ven mutuamente y se sonríen entre sí. “Ponles un rayo láser rojo a cada uno de estos dos” le dice un escritor a otro, y los dos minúsculos puntitos imaginados que somos tú y yo adquirimos cada uno un rayo láser rojo.

“¿Para qué les ponen un rayo láser?” pregunta uno de los escritores más jóvenes.  “Para saber por dónde van, qué hacen y que piensan. Como ya se dieron cuenta de lo que son, y que pueden hacer lo que quieran,  tenemos que ir reescribiendo todo alrededor de ellos.  Cada cierto tiempo alguno se da cuenta, y cada vez hacemos lo mismo”.

Y así es como un personaje de ficción toma control de su vida.

The end

Se busca foto selfie con tu bolsa reutilizable

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¡Feliz Día Internacional libre de bolsas plásticas! Cuando averigué por internet quién estaba haciendo algo al respecto, me topé con la gratísima sorpresa de encontrar a la organización venezolana Tierra Viva y a la cadena de farmacias Botiquería. Ellos han unido fuerzas para concientizarnos a todos, especialmente (con la publicación de un informe sobre lo que se está haciendo a nivel mundial),  a legisladores y demás personas con autoridad en la materia, para que en Venezuela se den más pasos para su reducción y eliminación.

Por otro lado, a partir de este blog, comenzó el año pasado un grupo llamado Chao bolsas plásticas, que tiene miembros tanto en facebook como en Google (si todavía no eres parte del mismo, ¡te esperamos!)  que tiene una foto de cover que tomé de internet, y que me gustaría modificar para hacerla más acorde al grupo. Por eso estoy solicitando una foto tuya,  junto con tu bolsa reutilizable, (¡mientras más original mejor!) para así hacer un collage con ellas.

Sé que probablemente ya has leído hoy muchas noticias terribles, que te hacen pensar ¡cómo es posible! (bueno, a mí me pasa), pero la noticia de las millones de bolsas plásticas con que estamos destruyendo el medio ambiente es un caso especial, pues puedes hacer algo ya- ya mándandome una foto con tu bolsa reutilizable, para así motivar a muchas personas más.  ¡Muchas gracias por adelantado!

 

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No existen los adultos

Maduramos el día en que nos reímos francamente de nosotros mismos.

Albert Einstein

Vivíamos en Miami cuando un amigo nos cuenta  que, tratando de hacer un salto mortal en el castillo inflable de la fiesta de unos niñitos, se había dado un mal golpe que había hecho que  terminara en la sala de emergencia. La cuestión era de risa, aunque pensé ¿Pero a quién se le ocurre? En aquel momento estaba nuestro amigo en sus plenos cuarentas y yo veía esa edad lejísimo. Así que inmediatamente hice una nota mental: no hacer pendejadas cuando cumpla cuarenta años.

Hace poco, me quedé a ver una clase de ballet de mi hija, lo cual me trajo recuerdos de cuando era chiquita, así que le dije muy orgullosa, que yo también sabía hacer las piruetas que le estaban enseñando. Ella enarcó las cejas pero no dijo nada (tan prudente ella). Al día siguiente, mientras estaba sola en la casa, me dio por intentar hacer las piruetas que había visto el día anterior, así que di una, dos, tres de ellas (¡Qué maravilla no se me había olvidado!) y  cuando  estaba en proceso de hacer una reverencia a mi público imaginario, me ha entrado un mareo tal, que sentí como si estuviera embarazada otra vez. Me tuve que aguantar de una silla, respirar hondo, y -por un acto reflejo aprendido de mis dos embarazos- fui a la cocina a tomar agua y a comer unas galletas de soda (las cuales mejoraron mi condición física y evitaron que terminara vomitando en el baño).

¿Y qué pasó con lo de no hacer pendejadas cuando llegara a los cuarentas? ¡Ah! Es que lo que yo no sabía cuando hice aquella nota mental, era que lo que uno hace no son pendejadas para uno.  Mejor dicho, sí lo son después de la conclusión del hecho, no antes, ni durante…  porque ¡¿Cómo va a ser una pendejada si toda la vida lo había podido hacer? ! En ese momento se me iluminó el panorama y comprendí a nuestro amigo, el del salto mortal en el castillo de aire.

Leí un post* que puso una amiga y coetánea en facebook, en que la autora hablaba de lo que había aprendido en sus cuarentas, y una frase hizo que me identificara:  aprendes que ” There are no grown-ups” , lo cual se puede traducir como “aprendes que no hay adultos” pero que tiene un doble sentido porque grown- up es también alguien “crecido”. Es cierto, no hay nadie totalmente crecido, que se las sepa todas.

Nunca terminamos de crecer. Sin embargo, sí maduramos un poco: empezamos a reírnos de nosotros mismos y de los demás, pues, cuando te das cuenta que metes tú misma la pata de la manera que siempre habías dicho que nunca ibas a hacerlo, te haces más compasiva con tus juicios, tanto hacia los demás, como hacia ti misma.  ¡Ahora sé que no hay grown-ups! y a veces hasta me dan ganas de guiñarme el ojo en el espejo, como para recordar que soy cómplice de esa realidad.

 

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*What you learn in your forties, Pamela Druckerman, The New York Times http://mobile.nytimes.com/2014/03/01/opinion/sunday/what-you-learn-in-your-40s.html?smid=fb-share&_r=0&referrer

 

Meditaciones guiadas fantásticas

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Ahhh… aquí estoy de nuevo en mi burbuja… escribiendo el blog, quiero decir.

Hace como cinco años salí a una cena con otras expatriadas venezolanas y mientras estábamos en el carro rumbo al restaurant, una de ellas  (a quién acababa de conocer) dijo, dirigiéndose a mi amiga y a mí, que le gustaban los nombres de nuestras hijas, porque eran nombres fuertes, con personalidad (ella misma era fuerte y extrovertida, una persona muy agradable, y tenía unos cinco años más que yo, es decir, alrededor de los cuarenta, como yo ahora). Luego continuó diciendo -como quien cuenta que todas las semanas va a la peluquería- que tanto ella, como prácticamente todas las amigas de su edad, tomaban antidepresivos.

En ese momento, pensé – más no lo dije- ¿Será que para allá vamos todos? Ella era una persona exitosa en su  trabajo, incluso, con un negocio propio, con su propia familia, con hijos. ¿Qué onda? como dirían los mexicanos. Su comentario hizo que me pusiera en guardia: si a esta mujer tan echada pa’lante, le está pasando esto, pues le puede pasar a cualquiera.

Sí se me ha puesto un poco turbia la visión (metafóricamente hablando) y por eso no he escrito. ¿Es una cuestión de tomas de decisiones erradas? ¿De una casualidad?  ¿Será que es el cliché de la crisis de los cuarenta? ¿Inmadurez? ¿Por qué es que tantas cosas que antes eran claritas -claritas ya no lo son?

A pesar de tanta incertidumbre,  debido a que he hecho un gran esfuerzo en simplificarme la vida, tengo un recurso que me he ganado con mucho esfuerzo: se llama tiempo. Por ello he estado meditando, desde hace más de seis meses, a diario. Al principio lo hacía sin música, sin guías, por veinte minutos, y luego media hora diaria, e incluso una hora o más, en  los días de mayor desubique espiritual y emocional. ¿Me ha ayudado? ¡Sí, sí y si! Incluso muchas cosas están empezando a aclararse y a transformarse para mejor; pero es un proceso que está lejos de terminarse.

Ahora, los datos de qué videos he utilizado para meditar de manera guiada (decidí que si quería meditar más de veinte minutos necesitaba una voz que me hablara, porque de otra manera no iba a aguantar, y ha resultado magnífico). Los que más he utilizado vienen de dos fuentes creadoras: Paul Santisi y The Honest Guys.

-Paul Santisi es un americano muy intenso y motivado, de esos que te van a repetir mil veces que eres lo más maravilloso del mundo (lo puedo oír diciendo You are AWESOME!!!) y es excelente para momentos críticos en que necesitas power up.  Él usa unas técnicas de sonido que llama 3D sound que hace que te sientas cual Xavier en  X Men cuando se mete en cerebro y está tratando de llamar a los demás mutantes ¡Super cool!  Mis favoritos son Mind silence y I am, pero tiene variedad para todos. Hay que tomar en cuenta  que estos audios son largos y hace falta  bloquear una hora o más de tiempo para oírlos; (atención que hay algunos que no recomiendo como los del “energy coin”).

The Honest Guys son un par de ingleses y una inglesa. Uno hace la producción, otro es la voz de las meditaciones (también produce) y la parte femenina del grupo es la que escribe las meditaciones. La calidad es impecable, tanto de sonido, como de imágenes, como de redacción. Tienen muchísimas meditaciones guiadas, la mayoría de ellas cortas, y su objetivo principal es la relajación. La autora es fan de El Señor de los Anillos, así que han producido toda una serie de “Middle Earth Meditations” , sencillamente espectacular.

Al meditar fabrico como unas especies de bolsillos de aire espiritual  que me permiten hacerme responsable de mi bienestar emocional y, junto con esta manía de escribir este blog, me jalan hacia arriba a nivel emocional. Aquí te dejo los links con las meditaciones guiadas fantásticas que tanto me han ayudado a mí ¡Espero que las disfrutes!

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Nuestra red de energía y seguridad

 

Desperté pensando: alguien está cuidando de mí. Estos sueños me hacen sentir tan bien, están tan separados de mi realidad física, que no pueden provenir de mí (o de mi yo consciente). Cerré los ojos de nuevo. Qué alivio. Sonreí.

Al callar mi mente cuando medito, he empezado a estar a alerta,  a observar lo que pasa alrededor. Me he dado cuenta que hay fuerzas, o alguien, que me conoce y me quiere. Sé que la convención es llamarle Dios; pero recientemente me ha dado por llamarle, en la intimidad de mi mente,  la diosa, porque es parte de mí.

La parte mía que está separada de los demás, es como una araña, y Dios (o esa energía de amor universal) es como una gran telaraña. Yo misma contribuyo a tejerla, pues sus hilos también vienen de mí. Ese Ser que nos cuida solo está esperando a que le sonrías, para que le facilites la tarea de amarte. Ese Ser eres tú  mismo en versión divina y conectada al universo.

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