Aunque muchas cosas cambian, otras no

 

Punky Brewster :)

“¡Espera!”, le dije a mi “persona normal”. Mi persona normal soy yo, de entre ocho y doce años (hacía unos días S , mi hijo de cinco años, me había dicho que “las personas normales” eran chiquitas e iban al colegio; eran niños, pues). “Quería decirte que te quiero mucho; y que aunque muchas cosas no van a salir como esperabas, lo bueno es que algunas de esas cosas terminan siendo mucho mejor de lo que te imaginabas. También quería decirte que he decidido que voy a cambiar mi color preferido. A partir de hoy, en vez de verde, será blanco (así es, ya hace mucho rato que el color morado no es tu color preferido). Es que, ¿Sabes? Aunque muchas cosas cambian, otras no”.

 

@chicadelpanda

¿Qué es eso de voz que “solo se usa afuera”?

Hace poco vi un video que me hizo reír tanto, que le di replay varias veces. En el mismo se muestra primero a una mamá americana, calmada, pidiéndole a su hijo que por favor ordenara la habitación. Inmediatamente sale la mamá “latina” pegando gritos, haciendo más desorden. Me reí mucho porque me sentí identificada (los miles de comentarios del video demuestran que no soy la única, por cierto). Sin embargo, no son todas las latinas así; las venezolanas y colombianas sí (con excepciones) pero definitivamente no las chilenas. Hoy por fin encontré una imagen/ infográfico que me puede ayudar a explicar este situación. Digamos que hay niveles de voz, como a continuación:

aVoice

Hace un par de años, cuando mi hija regresó de su primer día de clases en Panamá (nos habíamos mudado de Chile) su primer comentario fue “¡Esos niños son muy ruidosos!”. Mi teoría es que había pasado del nivel 0 (silencio total, nadie estás hablando, el silencio es oro) y 1 (conversación de espía, solo una persona puede oírte) de sus compañeros de clases en Santiago,  al nivel 4 (alto, como para presentarse ante un gentío, todos pueden oírte) de sus compañeros en Panamá. Yo jamás oí los niveles 4  ni 5 (fuera de control, voz de recreo, “nunca” usada adentro) en Chile… mentira, cómo no, cada vez que dos venezolanos se unían, subían a 5, y cualquier chileno a 1 km a la redonda se volteaba a mirar qué estaba pasando. Estoy hablando que minutos después del terremoto del 2010 de 8.8 grados, mis vecinos continuaban hablando en el nivel 2 (fluidez lenta, pequeño grupo de trabajo, solo el grupo puede escucharte), como que “aquí no ha pasado nada” (eso de voz  “fuera de control,” no existe para los chilenos en circunstancias normales, aunque puede que haya excepciones en alguna que otra marcha). Es parecido a como es la gente en París en ese respecto. Recuerdo una vez que se me ocurrió hablar en un nivel 4 a la señora que me hospedaba (porque ella estaba en la parte de abajo de una escalera y yo en la parte de arriba), y  se ofendió terriblemente porque yo no había bajado a hablarle de cerca (mientras que yo, por supuesto, no entendía por qué se había molestado). Después de una semana en la ciudad, más o menos, entendí que nadie hablaba en un tono de voz 4 o 5.

Por otro lado, los venezolanos y panameños saben que existe el nivel 0 por algunas misas y ocasiones esporádicas similares. Pero no hay nada que le estrese más a un venezolano que el nivel 0 en una conversación(el silencio no es oro, definitivamente): inmediatamente lo remedian, no lo soportan, así sea para decir “parece que pasó un ángel” para hacer que la gente sonría. Hablé en tercera persona porque ya, después de años viviendo afuera, se me ha quitado un poco esa costumbre (aunque está volviendo ahora que vivo en Panamá); pero todavía tengo que resistir el impulso primario de rellenar los vacíos de silencio.

¿Quiénes hablan con un tono de voz más alto? Solo puedo decir, de mi propia experiencia, que venezolanos, panameños e italianos del sur (aparentemente los colombianos también) están empatados. Eso de que exista un tono de voz “que no se use adentro” nos deja perplejos… ¿Pero cómo? Si hasta nuestras mamás lo usan, jeje. Aquí les dejo el link a la página  de Facebook del humorista Matthew Windey   para que se rían bastante.

 

@chicadelpanda

 

¿Cómo guardas tus bolsas reutilizables?

Con el objetivo de simplificar mi vida, me ha tocado tener un poco más de orden en la casa. Para hacerlo de la mejor manera, busco inspiración en otras personas que son fanáticas de la organización,  y me las copio. Así conseguí el siguiente blog, en donde dan unos tips magníficos para guardar las bolsas reusables ( Modern Parents Messy Kids ):

great tips for neatly storing all my re-usable bags

Por cierto, hay que lavar las bolsas reutilizables para evitar que se llenen de gérmenes. Yo las meto en la lavadora con el resto de la ropa, a menos que hayan sido utilizadas para transportar productos secos (por ejemplo, tengo unas bolsas solo para comprar ropa). En este link puedes encontrar unas buenas recomendaciones para usar las bolsas reutilizables de manera segura, encontrados en el blog Naturalmente mamá .

Para saber más, o para inspirarte, puedes seguir mi board Pinterest, o unirte al grupo  Chao Bolsas Plásticas en  Facebook o Google +.

@chicadelpanda

¡Quiero millones!

calvin-angry-calvin--26-hobbes-318681_366_362

Hace poco decidimos comprar un Wii Mini, a insistencia de los niñitos. El acuerdo fue que ellos nos daban el dinero que tenían ahorrado en sus alcancías, y nosotros poníamos lo que faltaba. Yo feliz, ellos felices, magnífico. Hasta ayer…

Como me faltaba comprar algunos útiles escolares, le digo a S, mi hijo de cinco años, que vamos a ir un momentito a la librería, y que después íbamos a la casa. Así que llegamos al sitio, y mientras estoy haciendo una pequeña cola para pagar, S se consigue una moneda de un centavo. Por unos segundos se contentó, pero de la nada se puso a gritarme, mientras empleadas y compradores hacían de público cautivo:

– ¡Yo tenía muchas monedas! ¡Tú me las quitaste!

– Pero, S, vamos a empezar a coleccionarlas de nuevo…

– ¡Yo no quiero una sola moneda! ¡¡Yo quiero millones!! -, e inmediatamente tira al piso el centavito con todas sus fuerzas-, ¡ Yo no quiero una sola moneda ! ¡¡ Yo quiero millones!!

– S, pero ¿Te acuerdas qué hicimos con esas monedas? El Wii…

-¡Yo quiero muuuuchas monedas! ¡¡Quiero millones!! -, y así mini Dr. Jekill desapareció y apareció mini Mr. Hyde, y no iba a desaparecer, hasta que todo lo que tuviera que botar, hubiera sido botado. Being there, done that. Paciencia.

Nos fuimos caminando de regreso, y un par de veces se sentó en el piso de la acera, con brazos y piernas cruzadas, mientras seguía con el grito de guerra “¡Yo no quiero una moneda! ¡¡Quiero millones!!” Como ya sé que no hay  nada que yo pueda hacer para que Mr. Hyde desaparezca, sencillamente no hablé más y me limité a esperarlo mientras él decidía levantarse de nuevo. Por fin, llegamos a la casa, y gracias a Dios, encontró el Ipad, y se transformó de nuevo en menos de cinco minutos en el dulce niño que usualmente es. Lo más irónico es que hacía un par de días yo le había asegurado a una amiga que S ya no tenía berrinches, que ya había superado esa etapa.

Cuando me pasan estas cosas, me entra la duda de si les estoy enseñando algo a mis hijos. A veces siento que, no importa lo que haga, ellos terminan haciendo y pensando lo que les dé la gana, o para ponerlo más bonito, que ellos terminan “agarrando su camino”. Yo con tanto empeño en cultivar que si valores humanos, que si el valor del dinero, qué se yo, y él pegando gritos en la calle diciendo “que quiere millones”.  A veces siento que soy Debra en Everybody Loves Raymond y que Frank y Marie (sus suegros) se  ríen de mí mientras me ven empeñándome en hacer las cosas by the book.

@chicadelpanda

Las personas normales

 

– Cuando tu tía M tenía dos años, yo tenía diez – le digo a S, mi hijo de cinco años.

– ¡Jajaja! – se ríe, divertidísimo. Luego me pregunta, – ¿Y cuándo nacieron Ito y Ita?

– Hace mucho tiempo… hace sesenta y cuatro años.

– ¿Y por qué son tan old?

-¿Por qué son tan… vie… mayores? -, cuando uno no sabe qué contestar, repite la pregunta para ganar tiempo. ¿Por qué son tan… ? ¿Por qué?

-Bueno, ellos son mi mamá y mi papá… así que cuando yo nací, cuando yo era niña, ellos ya eran adultos. Tenían que ser adultos para cuidarme a mí y a tus tías -. Me sonríe y comienza a decir, más para él mismo que como parte de la conversación, mientras mira el techo, acostado en su cama:

-Las personas normales, las personas chiquitas, que van al colegio, tienen abuelos y nonnas.

¿”Las personas normales”? No dijo “niños”, sino las “personas normales chiquitas que van al colegio”. Aparentemente, para él, todos los demás no somos normales. Por cierto, el otro día le pregunté “¿Cuál es tu color favorito?” y me respondió (como persona normal que es): “azul, pero cuando tenía cuatro años era rojo. Y cuando tenga seis, será naranja”. Y como yo quiero ser un poco más  normal, decidí que cuando tenga un año más, mi color favorito no será verde, como es ahora, sino blanco. He dicho.

@chicadelpanda

Medio dormida

I'm working. Don't come any closer unless you have #coffee. I need this poster-sized for my cubicle!

Una amiga muy sinceramente me dijo “por lo que más te felicito respecto a tu libro es que hayas tenido la voluntad de escribirlo todas las noches”. “Gracias” , le dije , mientras pensaba, ésta es una de las mejores felicitaciones que me han dado (¿O se lo dije? No me acuerdo). Esta amiga es una colega mamá, reconoce el esfuerzo. Da las felicitaciones con conocimiento, con experiencia.

Lo que no le admití ese día fue que yo casi nunca escribo en las noches. Es más, no sé cómo hay personas, mamás sobre todo, que logran hacer algo en la noche. No sé si sea una cuestión de ciclos circadianos, de si uno es morning person  o no, o qué; pero yo en la noche usualmente estoy tan agotada que me duermo a la misma hora que los niñitos. En mi caso, el hecho de que casi siempre escriba en las mañanas se debe a que sigo medio dormida cuando empiezo a escribir.

Cuando pasé de 4to a 5to grado de bachillerato, pasé un mes de “verano” internada en una escuela militar. No, no era un castigo, sino una recompensa, ya que había sido escogida, junto con otros 120 muchachos en todo el país, para hacer un curso de preselección para unas becas en las que podríamos  cursar toda la carrera en el extranjero. La cuestión es que parte de la rutina diaria era que venía la banda marcial  a la ventana de nuestro “dormitorio”, la cual hacía que me temblara toda la cama y del susto, temblando todavía, caminaba hasta las duchas, abría una,  y me metía debajo del agua helada, mentando la madre, pero demasiado dormida como para hacer otra cosa. Todos los días hacía lo mismo, y todos los días yo era la primera en ducharme (de la “habitación” de como veinte mujeres en la que dormía yo). ¿Por qué la obsesión de salir disparada de la cama a la ducha apenas escuchaba la diana? Porque estaba convencida de que era la única manera de que me duchara todos los días. A esa hora, medio dormida todavía, iba como zombi al baño; pero más tarde, despierta, con mi cerebro funcionando, a sabiendas de que me esperaba el horror de esa agua fría, estaba segura de que iba a pasar un mes sin bañarme.

Así me pasa ahora: usualmente, si no escribo a primera hora, cuando estoy todavía medio dormida, no lo hago, ya que más tarde empieza la vocecita de la racionalidad: “no, no escribas de eso porque, X, Y o Z”, y termino no escribiendo nada. Ya se me acabó el café… así que hasta aquí llegué (por hoy, solo por hoy).

@chicadelpanda

Siete chamos

Tomado de @juanpelando

Tomado de @juanpelando

En 2002, cuando había marchas multitudinarias por toda Caracas, fui a muchas de ellas. Íbamos con banderas (la de antes, la de siete estrellas), pancartas, pitos,  gritábamos consignas. Una vez, cuando estaba apoyando a los militares que se habían sublevado y estaban acampando en Plaza Altamira, cayó un chaparrón y me empapé toda (como nadie se movió, yo, mucho menos). De repente vi el reloj y me di que tenía que ir a dar clases. Como quedaba cerca, me fui corriendo hasta el instituto. Entré al salón, y los adolescentes a los que les daba inglés, se quedaron con la boca abierta. Recuerdo en particular un muchacho, súper rebelde, que siempre me saboteaba la clase: no dijo ni pío. A partir de allí, se comportó como un estudiante excelente. Siempre me ha dado curiosidad saber qué fue lo que pasó allí, si es que habrá pensado, si esta profesora es tan loca que se va a una marcha, se empapa, y viene a dar clases así, con ropa y pelo chorreando, como que me mejor no me meto más con ella.

En aquella época salíamos todos a marchar. Mi mamá era la que más marchaba, y recuerdo que mucha gente decía “ahora todas esas señoras tienen algo que hacer” y a mí me indignaba porque “esas señoras” habían decidido estar allí, en vez de hacer cualquier otra cosa. También iban padres, madres, niños, bebés, ancianos. Recuerdo las pancartas divertidas en los coches y los niñitos todos disfrazados de bandera de Venezuela de arriba a abajo.

Pero ya han pasado 13 años y la mayoría de los que marchaban en aquella época, o se han ido (como yo), o se han cansado, como mi mamá. La mayoría de los que tienen la valentía y las energías de salir a protestar son los jóvenes, quienes no se acuerdan de otra Venezuela que no sea la de la “República Bolivariana”. No vivieron en la “República de Venezuela”, ni aprendieron que la bandera tenía siete estrellas. Pero ellos saben que hay algo que está muy mal, aún cuando no tengan punto de comparación.

En estos momentos,  un país que está acostumbrado a la violencia, en que un herido de bala es una raya más para un tigre, la indignación crece ante la muerte de 7 jóvenes que han sido asesinados por el gobierno, quienes se han dado licencia para matar a quien sea.

Vuelvo con las mismas pregunta de hace dos artículos: ¿Por qué hay que gente arriesga su vida? ¿Por qué sienten que tienen que llegar a la cima de una montaña? ¿Es irresponsabilidad, es pasión, o las dos cosas? ¿Es una cuestión de la juventud? Como  ves, en ese momento no me refería a ir manifestaciones de protesta, sino a subir montañas peligrosas. Casualmente (el más joven de los muchachos asesinados era scout)  comenté un poco sobre mi experiencia como Guía Scout en Venezuela, y sobre el ajuste de metas que había hecho en mi vida: había cambiado las excursiones a altas montañas por cortos paseos con mi familia en cerros más pequeños.

Ser joven es insistir en las altas montañas. Yo sé, que por más peligro que haya al salir a protestar, muchos jóvenes van a seguir haciéndolo. También sé que habrá muchos padres y madres angustiados. Me conmovió este párrafo que leí ayer, en el artículo Con el morral lleno de miedo de Fedosy Santaela:

Yo soy yo y mis hijos. Yo soy y el abrazo que le quiero dar a mi chamo de nueve años sin que él se entere de que tengo miedo, de que no lo quiero soltar, de que no quiero que crezca y que salga a protestar. Te quiero siempre a mi lado, vivo a mi lado, no salgas, no te me vayas.

Miedo, no puedo tener otra cosa que miedo. Lo que se quiere es que tengamos miedo. Pero no un miedo que nace porque alguien levanta polvo a la distancia, haciendo ruidos amenazantes de fondo. No, acá hemos llegado al miedo de verdad. Miedo con asesinato al lado. Miedo con impunidad al lado. Miedo de protestar, porque la protesta ahora es criminal.

NTN24 Siete jóvenes venezolanos asesinados en tan solo ocho días: las coincidencias de los “hechos aislados”

@chicadelpanda