Tu red de energía y seguridad

Desperté pensando: alguien está cuidando de mí. Estos sueños me hacen sentir tan bien, están tan separados de mi realidad física, que no pueden provenir de mí (o de mi yo consciente). Hay alguien cuidando de mí. Cerré los ojos de nuevo. Qué alivio. Sonreí.

Al callar mi mente, he empezado a estar a alerta,  a observar lo que pasa alrededor. Me he dado cuenta que hay fuerzas, hay alguien, o algo, que me está cuidando y que me seguirá cuidando por siempre, incluso cuando mi tiempo en esta Tierra termine.

Ese alguien me conoce y me quiere. Sé que la convención es llamarle Dios; pero recientemente me ha dado por llamarle, en la intimidad de mi mente,  la diosa, porque es parte de mí. Es un Ser que se conecta con todos los demás seres, los comprende y se fusiona con todos ellos.

Es como si me hubiera dado cuenta que la parte que reconozco como “yo,” que está separada de los demás, es esa araña en esa gran tela de araña que es Dios (o esa gran energía de amor universal). Una tela de araña que yo misma contribuyo a construir, pues sus hilos también vienen de dentro de mí. Es una gran red de conexiones que nos une a todos los seres y que nos cuida al mismo tiempo; una red que todos estamos creando y que no nos va a dejar caer nunca, porque es imposible caer. Aunque llegue el tiempo de dejar el cuerpo físico, siempre seremos parte de esa gran red.

Esa red siempre está allí, pero no todo el mundo la ve. Hay muchas distracciones que a veces nos impiden verla. Pero allí está, no importa que la veamos o no.

Ese Ser que te cuida solo está esperando a que lo mires a los ojos y le sonrías, para que le facilites la tarea de amarte (pues te ama siempre, aun sin tu permiso). Ese Ser eres tú  mismo en versión divina y conectada al universo, y  es también la gran red de energía que sostiene todo, que es parte de ti y que te ama.

Eliminando las distracciones y enfocando nuestra atención nos podemos dar cuenta de su existencia. Allí está, ha estado siempre, y siempre lo estará.

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¿Es importante que un niño pequeño sepa que no puede volar?

 

NO.

Aunque se le explique a un niño pequeño que él no puede volar, o que no puede respirar bajo el agua, SIEMPRE HAY QUE ASUMIR QUE EL NIÑO CREE QUE SÌ PUEDE VOLAR Y QUE SÍ PUEDE RESPIRAR BAJO EL AGUA. Su mente no es racional*  y no está en capacidad de entender esas situaciones, incluso cuando él diga que sí sabe que no puede volar o que no puede respirar bajo el agua.

Por eso  hay que poner barreras en las ventanas, balcones y piscinas,  por eso es que si el niño está en un sitio no seguro (alrededor de una piscina sin barreras o en un apartamento sin rejas ni redes de seguridad, por ejemplo), jamás se le debe quitar un ojo de encima, jamás se debe pensar “qué se va a estar lanzando a la piscina, qué se va a estar asomando, él sabe”, sino siempre asumir que ellos creen que sí pueden volar y que sí pueden respirar bajo el agua.

Hoy le pregunté  a mi hijo de cuatro años que si sabía que él no podía volar y me respondió, bajito: solo con una colita, y yo ¿qué dijiste que no entendí? y él me respondió: que con un avión sí se puede. También está el episodio de cuando mi hija mayor tenía unos cuatro o cinco años, y acabábamos de ver Dumbo: yo acababa de aclararle que los elefantes no podían volar,  cuando ella me respondió: quién sabe. También recuerdo el cuento de una amiga que se lanzó a la piscina a salvar a su hija de dos años (quien por unos segundos se le había desaparecido)  y que ella  había encontrado a su niña sentadita en el fondo, tranquilita, como si nada estuviera pasando (afortunadamente no pasó nada que lamentar).

Yo crecí oyendo el cuento de un niñito que había perdido la vida “porque pensaba que podía volar”. Sin embargo,  hoy sé que eso no sucedió por “su creencia” sino porque hubo un descuido de seguridad de parte de los adultos que estaban a su cargo. Jamás se puede hacer a un niño responsable de su propia seguridad, suponiendo que porque “se le explicó algo”, entonces él va a entender y va a actuar como un adulto. Lo importante no es que el niño sepa que no puede volar  ni respirar bajo el agua, lo importante es que el adulto que esté a cargo asuma siempre que el niño cree que sí puede, para que así  tome las medidas de seguridad necesarias que eviten una tragedia.

*Para  leer más sobre la mente no racional de los niños pequeños, ir al post anterior a éste.

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El momento en que un adulto no debe corregir

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Una fotógrafa va caminando por una plaza de New York, apurada porque tiene compromisos, y de repente ve a un grupo de personas que se saludan, y a un perro que es parte del conjunto, feliz, saludando también a los que llegan. Instantáneamente ella descarga el equipo de fotografía que lleva en la espalda, y se agacha para sacar una foto. Todo sucede en cámara lenta, como para que los espectadores apreciemos el momento en toda su belleza.

Esa escena es de la película What the bleep do we know? (¿Qué rayos sabemos?). De entre tantas escenas entrañables que tiene la misma, ésa se me repite una y otra vez; es la glorificación de la belleza cotidiana, de “ver” algo porque se está buscando intencionalmente. De no dejar pasar de largo los momentos bellos o artísticos de la vida. En su caso, era el momento perfecto para extraer una fotografía extraordinaria de  un momento ordinario.

Todos somos artistas a los cuatro años; todos somos poetas a los ocho. ¿Qué pasó? Un artista es alguien que crea, que inventa el mundo donde vive; que sabe descubrir la belleza y lo interesante, así sea que la única persona que sepa apreciar su descubrimiento, o su creación, sea él mismo.

Cuando somos niños, un día somos una cosa y al día siguiente otra. De adultos también podemos hacerlo: aunque no soy una artista siempre, puedo serlo el día de hoy. Aunque no soy una chef siempre, puedo serlo el día de hoy. Lo maravilloso de ser adulto es que puedes hacer lo que deseas, y no solo imaginarlo. No solo voy a imaginar que pinto un cuadro, puedo pintarlo en realidad; no solo imagino que cocino, puedo cocinar en realidad.

Anoche me sentí como la fotógrafa de la película, pero en vez de estar presenciando una imagen hermosa que tenía que ser plasmada en una foto, presencié la descripción de un universo que tenía que ser escrito: el universo en donde vive mi hijo. Consciente o inconscientemente los adultos pensamos que vivimos en el mismo universo que los niños, pero un día abren la boca y nos recuerdan que no es así.

Estaba en proceso de acostar a dormir  a mi hijo de cuatro años, cuando me dice, emocionadísimo:

- ¡Mami! ¡Una estrella!

-¿Dónde? No la veo – mi miopía real y figurada no ayudaba mucho.

-¡Allí, allí! Las estrellas están muy muy lejos. La luna también; y Boston, Caracas y Chile también están muy lejos.

- Pero las estrellas están más lejos – le digo yo.

- Sí, están en el espacio; mami- cara de seriedad, se lleva una mano a la barbilla – ¿Chile está en el espacio?

- No, Chile no está en el espacio. Está en nuestro mismo planeta Tierra.

- ¡Hay muchos planetas! Hay muchos tipos de planetas. Y esas estrellas están muy lejos, pero tienen a su mamá y su papá.

- ¿Sí? ¿Y qué tipo de planetas hay? ¿Y las estrellas tienen mamá y papá?

- Hay planetas de restaurantes, planetas de casas, planetas de colegios… las estrellas van a comer al planeta de restaurantes.

Yo quedé maravillada, imaginándome a las estrellas sentadas comiendo en el planeta de restaurantes con su mamá y su papá.

Hace tiempo hice un curso de literatura infantil en donde aprendí que para los niños pequeños – como hasta los siete años más o menos- todo tiene vida, inclusive las cosas. Por eso, cuando pintan al sol, lo pintan con una carita feliz, por ejemplo;  por eso también es que no “corregí” a mi hijo con su teoría del universo, ya que él está buscando respuestas que se adaptan a su entendimiento.

Puede que esa conversación no se repita, ya que nunca se sabe cuándo los niños deciden hablar abiertamente de lo que pasa por su cabeza. Así que si tienes el privilegio de que un niño pequeño te hable de su universo, escúchalo como si estuvieras escuchando la sinfonía más perfecta y préstale atención como si estuvieras viendo un animal exótico. No lo “corrijas” porque no hay nada que corregir (a menos que sea algo que tenga que ver con su seguridad, como que los niños no vuelan*, por ejemplo). Te aseguro que muy pronto él solito va a entrar al universo de los adultos, en donde las estrellas no tienen mamá ni papá, y en donde no hay planetas-restaurantes. Eso que él te cuenta es una ventana a su alma, un privilegio que te toca presenciar. Sencillamente sonríele y pregúntale un poco más.

*Favor leer el próximo post para saber por qué, aunque se le explique  un niño que no puede volar o que no puede respirar bajo el agua, SIEMPRE hay que asumir que él cree que sí puede.

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El mundo es muy interesante cuando tienes cuatro años

-Me encantan esta ciudad- dice mi hijo de cuatro años desde el asiento de atrás del carro, mientras lo llevaba a sus clases de Tae Kwon Do.

- Ah ¿Sí?

- Sí, tiene árboles, y calles, carros, restaurantes, personas, peos…

- ¿Ah? ¿Qué dijiste?

Silencio

- ¿Qué dijiste? ¿Qué la ciudad no tiene peos? – qué conversación tan bizarra, pero debe haber alguna lógica por ahí. Si está hablando de lo que le gusta de la ciudad, debe ser que dijo que no tiene peos.

- ¡Qué sí!

-¿Que sí qué?

-¡Que sí tiene peos!

- ¿Y dónde están?

- In the butt! (en el trasero)

Solté la carcajada, y nos bajamos del carro. Se acabó ese episodio, pero me quedé con esa sensación de haber tenido una conversación inconclusa.

Sin embargo, hoy pude terminar de cerrar el círculo, o unir los puntos que me hicieron formular una teoría: definitivamente no hace falta que algo sea bello (o que huela bien) para que le guste a alguien, o al menos, para que sea del agrado de mi hijo.

Esta mañana me gritó desde el baño, emocionado, cual aficionado de arte  que ha encontrado un tesoro: ¡Mami! ¡Ven! ¡Pupú con una figura diferente! ¡Como una serpiente! ¡Ven! Llegué, y comprobé su gran descubrimiento. Definitivamente el mundo es muy interesante cuando tienes cuatro años.

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Un adiós y un te quiero

La descripción que Pedro nos hace de Juan,

más nos sirve para conocer a  Pedro que a Juan.

Spinoza

¿Sabes qué quiere decir esa frase? Le pregunto a  mi hija de nueve años. Ella acababa de leerla mientras comíamos (tenemos un juego de cartas con pensamientos sobre cada valor humano, y éste se refería al discernimiento).

En realidad, no. Me dice. Yo le sonrío y trato de explicarle, pero no encontré las palabras adecuadas. Entre mi cansancio y la distracción de otra conversación espontánea, ese pensamiento desapareció, cual nubecita que de repente hace ¡Puf!

 

Hace unos días murió el papá de un compañerito de clase de mi hija. Fue algo inesperado, un accidente como cualquier otro, de esos que irremediablemente me hacen pensar que he podido ser yo. Invitaron a la ceremonia en una Iglesia cercana, para luego proceder al entierro.

En la Iglesia había poca gente y la mamá del niño me reconoció; venezolanas, las dos. También estaba su hijo, y algunos familiares. Más tarde llegaron más personas, afectos y conocidos de los años vividos aquí en Panamá.

El colegio de los niños está en una especie de colina enfrente de la Iglesia, a una cuadra, más o menos. Estábamos esperando en la entrada de la misma, cuando otra mamá me dice, mientras le temblaba la voz: ahí vienen los niñitos. Subí la vista y allí estaban: bajaban desde el colegio una cantidad de muchachitos uniformados que venían a acompañar a su amigo. Se me trabó la voz, pero logré  tocar el hombro del niño que acababa de perder a su papá, para que viera hacia afuera.

Ya adentro, la mamá les decía a todos: ¡Gracias por venir a acompañarnos! ¡Son unos niños muy valientes! Sí, pueden llorar si quieren…

Y yo recordé: La descripción que Pedro nos hace de Juan, más nos sirve para conocer a  Pedro que a Juan…

Se dijeron muchos agradecimientos en la ceremonia, sobre todo a Panamá y a su gente. El difunto había conseguido la felicidad en Panamá, dijo su esposa.

Los niños regresaron al colegio, y unas pocas personas fuimos al entierro. Mientras se bajaba el féretro, el niño que había perdido a  su papá no pudo más y gritó: ¡Adiós papá! ¡Te quiero!, mientras sus rodillas cedían para alcanzar el suelo.

Las flores, la tierra… y un adiós y un te quiero, tan cargados, tan verdaderos, que hicieron retumbar el Cielo.

 

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¿Qué te gusta de Panamá?

Calzada de Amador en Panama

Entrar en facebook, entrar en Panama Kontacts… ajá, ésta si la puedo responder… tecleo, tecleo, listo.

Es que ahora soy gurú -como nos llamamos en la comunidad Panamá Kontacts- pues siempre alguna sabe algo que otra no, y que le puede ayudar. Somos un grupo de extranjeras que nos ayudamos mutuamente pidiendo recomendaciones y que se ha hecho parte de nuestra rutina diaria. Ya no hay que pasarse tres meses probando tintorerías  hasta descubrir la que me sirve, la que no destroza la ropa, la que no cobra de más, sino que pregunto ¿quién me recomienda una tintorería en x sitio? y responden  varias gurús, una de ellas aclarando que por estos lados no se dice “tintorería” sino “lavandería”.  Realmente estoy muy orgullosa de todas las mujeres que formamos parte de este grupo, y por supuesto, agradezco infinitamente a su fundadora (quien  es venezolana, por cierto).

Hoy  alguien hizo una pregunta muy simpática. Me gustaría compartirla con ustedes, así como algunas de sus respuestas. Esto es para ti, Panamá; por éstas, y muchas cosas más, te queremos y nos sentimos muy agradecidas de vivir aquí.

Hola! Esta es una pregunta poco común… A 5 años de haber llegado a esta cálida tierra me he dado cuenta que hay todavía muchos secretos y rincones locales maravillosos que no conozco y quisiera encontrar respuestas entre este grupo de “huéspedes de Panamá”…Mi pregunta es: Qué es algo que te hace sentir “home” en Panamá? Que te hace olvidar la nostalgia de tu tierra y con un fuerte suspiro decir “así estoy bien…”? Para mí, en México son los abrazos de mi mamá, los tacos al pastor, mis amigas de la vida, la amabilidad de cualquier extraño… en Caracas era ese cielo azul, el clima perfecto, nuestro grupo de amigos extranjeros, las arepitas fritas del Tamanaco y los domingos en la tarde en la 4D… en Chile la cordillera nevada, andar en bici en el otoño, los comentarios semanales del jardinero viejito que amaba ver nacer las flores y la torta de hojarasca…Aca en Panamá, hay tantas joyitas ocultas que nos dan felicidad en la vida cotidiana…..cual es la tuya?

- Los pequeños detalles que dan gran felicidad a mis días en Panamá, son: el poder compartir con mis hijos en sus actividades, almorzar juntos, caminar a los colegios, caminar al trabajo, sin necesidad de usar el auto, la merengada de coco con helado de vainilla de la casa de la fruta, las empanaditas de Deli Gourmet, las delicias de Cuquita Cookita, caminar al atardecer por el casco antiguo mientras disfrutamos de un rico helado, las hermosas playas de San Blas, la variedad de ricos Restaurantes, salir a correr en Costa del Este, las carreras de cada domingo, y pues que mejor recuerdo que acabo de tener a mi segunda princesa Panameña! Muy feliz de cada día vivido en este país junto a mi familia! Llegamos 3 hace 3 años y “Ahora somos 5″ Gracias Diosito por tantas bendiciones.

- Yo amo la naturaleza de Clayton, ver por mi casa ñeques, tucanes, perezosos, un sinfín de loros y pájaros. Amo la variedad de mariscos disponibles. Poder caminar tranquila con mis niñas en el parque y que puedan disfrutar y correr en la naturaleza. La buena educación que están recibiendo. Y la calidez y naturalidad del panameño. Admiro como celebran la vida con pasión, desde un cumpleaños hasta un partido de base ball.

- Los paseos por el casco, los días en la playa, café con las amigas, los Tequeños, los pepitos y sobretodo poder ir caminando a donde yo quiera con tranquilidad.

- Disfrutar del silencio en la Biblioteca Nacional, caminar en el Parque Omar, ver el Pacífico desde mi apartamento y desde el techo de mi edificio en donde está la piscina, Athanasius, Orgánica, el Casco Antiguo de noche, y por supuesto, la tranquilidad de que mis hijos estén en un buen colegio y que puedan tener las actividades vespertinas que les gustan (y todo cerca). ¡Ah sí! Poder pedir una buena pizza para que la traigan a mi casa y tener una variedad de pizzerías muy buenas cerca (San Francisco).

- Los contrastes del Casco Antiguo, ver todos los dias la rayita del horizonte del Pacífico, lo increible que es el canal, el rainforest de gamboa, la mezcla de culturas, la salsa de ruben blades, se respira progreso, sentir que hemos sido bienvenidos, y sobre todo Panama Kontacts. La Iglesia San Francisco de la Caleta y el padre Manuel. Se siente paz como estar home.

- A mi algunas de las cosas ( muy del día a día) que me hacen sentirme “home” son la amabilidad de los conserjes de mi edificio, las galletas de chocochip de Mirandas Bakery, las baguettes de Felipe Motta, el conocerme el super de memoria y poder hacer la lista en el orden de los pasillos, el tener el telefono del de los pepitos y llegar por mi pedido sin hacer cola, el hecho que mi hijita se vaya feliz en patineta todas las mañanas a Little Steps con su amiguita, saber que va a haber Massimo Dutti y PF Chang´s, y por supuesto un almuerzo entre semana con mis amigas.

- Si yo ya he llegado al punto que cuando voy a México a los 15 días ya extraño estar aquí porque sé que es mi hogar y ya lo siento así.
Lo mejor de todo es cuando en un país ajeno llega tu primer bebé!! Con esto no extrañas nada más, ahora estoy en casa!

Que buena reflexión o planteamiento. En mi tu consulta ha calado muy hondo, como creo ver que ha sido en la mayoría. Que buen disparador de tantas respuestas geniales, interesantes, profundas. Creo que lograste que cada una de nosotras como extranjeras en Panamá se conectara con muchos aspectos íntimos y no tanto, del día a día, de lo cotidiano. Genial!!!! En lo personal, luego de casi 6 años en Panamá lo primero que me permitió echar cable a tierra fue tener a mi hija aquí, ya ese hecho me hizo conectar con Panamá de una forma especial…y será eterno el amor y agradecimiento por brindarme lo más sagrado que tengo. Lo que siempre hablo con mi esposo es que no importa si la ciudad por momento está colapsada, a minutos uno tiene paisajes increíbles, bastante vegetación tropical, ese verde abrumador o ir al causeway y ver el mar color esmeralda. Esos contrastes que te permiten reequilibrar rápidamente. Y que no decir de San Blas……..es mi rincón en el mundo, Boquete, Pedasí, Bocas del toro (playa de las estrellas) o ir a cualquier playa por el día, ese mar cálido con playas naturales que parecen algunas casi vírgenes. Como dicen aquí todos somos “jóvenes”, y como también alguien dice formar círculos de amigos en relaciones que nos hagan sentir bien, nos complementemos, sigamos creciendo y cultivándonos.

¡Te queremos Panamá!

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No es fácil oír al que piensa diferente

¿Me das un ride? Le pregunto a mi amiga, Sí, claro, me responde, y yo me apresuro a aclararle: te lo pregunto en panameño, porque en venezolano se dice “dar la cola”. Se rió.

Ya dentro del auto, algo habré dicho de Venezuela, que ella me dice algo así como es que yo soy medio socialista. Me tomó un poco por sorpresa el comentario.

Quien habló luego fue alguien bien diferente a  la persona que emigró hace más de diez años, con el país a flor de piel. A esa persona le hubiera dado una subida de tensión y hubiera empezado a temblar. Probablemente hubiera dicho algún comentario lleno de amargura. Pero no. La persona que respondió, era otra.

Te entiendo, le dije, y le sonreí. No era mentira. En papel, el socialismo tiene su atractivo. Por otro lado, sabía que en una cuadra me iba dejar, y que no había tiempo para disertaciones, ni para opiniones profundas, ni para relatos de experiencias desgarradoras. Como en twitter, había que escoger las palabras muy bien.

Dicen que ha habido una mejora en la calidad de vida de los más pobres desde que Chávez subió al poder. Pero  es la violencia. Cualquier beneficio que haya traído la revolución es nada al lado de la violencia; la inseguridad en Venezuela es como la de una  zona de guerra. Y los que llevan la peor parte , la mayor cantidad de muertos, son quienes viven en las zonas más populares. 

Habíamos llegado al sitio en donde me iba  dejar. Me sonrió y yo le di las gracias. Me encantaría decirle que las gracias que le di, no fueron solo por el ride, sino también por haberme oído, gracias de verdad; no es fácil oír al que piensa diferente. También me gustaría comentarle  que al final, en Venezuela (como leí en una pancarta hoy en relación al slogan de Chávez, Patria, Socialismo o Muerte), no hubo patria, ni socialismo; solo muerte.

@chicadelpanda

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