¿Yo miedo? Sí, tú. Y yo también. Debo confesar que no soy totally fearless. Yo tambien tengo miedo a vivir 100% sin bolsas plásticas. Pero estoy trabajando en ello, y he avanzado bastante.
Me di cuenta de la existencia al miedo a vivir sin bolsas plásticas de supermercado, durante la conversación con una amiga. Ella me dice: “mi mamá es la peor. Cuando vamos al supermercado ella mete una bolsa extra, por si acaso”. Les cuento que fue un doble aha moment. Tambien desenredé el misterio de una bolsa plástica, dobladita y sin utilizar, que encontré tirada en el piso una vez que estaba caminando con mis hijos por la calle … ¡Ajá ! ¡Esa fue la mamá de mi amiga ! Jeje.
Y es que yo cometí un error en el blog anterior. Dije que las bolsas de supermercado para lo único que servían, era para contaminar. No es así. Las reusamos, sobre todo, para botar basura. También alguien me dijo por ahí que las necesitaba para envolver las botellas de vino que se iba a llevar a Caracas desde Santiago… ( todavía estoy pensando en eso, no he podido desenredar ese misterio ). Por otro lado, los dueños de mascotas y padres de bebés – que en este caso decido igualar porque lo que desechan sus cuerpitos ameritan una atención parecida - las usamos para disponer de sus números dos, y para infinidad de otras cosas.
Ahora yo les voy a dar tres maneras de quitarse el miedo a las bolsas reutilizables: la light, la intermedia y la totally fearless.
La versión light: antes de salir al supermercado cuenta las bolsas plásticas que ya tienes. Estoy segura que nunca lo has hecho, y si estoy errada, házmelo saber. Cuéntalas y calcula si puedes sobrevivir sin traer más bolsas plásticas a la casa hasta la próxima compra. Si el caso de miedo es grave, llévate solo una bolsa reutilizable al supermercado y usa bolsas plásticas para el resto de la compra. Con este pequeño paso, comprueba tú mismo cómo te mira la gente, si creen que les estás robando por no poner las cosas en una bolsa plástica, o si creen que eres un maleducado por rechazar algo que es gratis, y comprueba uno a uno, todos los demás miedos que tengas. ¿Sobreviviste? Ok. Luego, cuando salgas del supermercado, mira disimuladamente hacia atrás para verificar que nadie te está siguiendo con una bolsa plástica en la mano para que te la lleves. ¿Y cómo sé todo eso? Porque yo también lo viví, obviamente.
Les cuento que una vez una vendedora en un abasto (mini super), con cara de genuina preocupación mientras le pagaba, me dijo que si no me llevaba la bolsa, la gente iba a pensar que estaba robando. Yo le sonreí (pobrecita, de verdad estaba preocupaba) y le dije, no se preocupe, yo pongo el recibo aquí al lado de la cajita, para que todo el mundo vea que sí pagué. Me dejó ir sin la bolsa plástica, aunque yo creo que todavía estaba un poco estresada. No te digo que el miedo es gratis, yo le estaba pagando “a ella”.
Aunque yo ya superé esta etapa hace rato, decidí contar mis bolsas plásticas. Sí, sorpréndanse, TENGO bolsas plásticas en mi casa, y ojo, no las he traído yo. En fin: tenía 4 bolsas plásticas de tiendas de conveniencia y 12 de una gran cadena de supermercados. Imagínense, en mi casa, en la casa de la enemiga número 1 de las bolsas plásticas, había todas esas bolsas. (Explicación: no vivo sola, no soy una ermitaña y tampoco soy una dictadora. La idea es inspirar a otros, no obligarlos).
La versión intermedia: aquí me ubico yo. En este nivel hay que hacer tres cambios en la casa:
1- No más bolsas plásticas en los baños. La basura de los baños se echa en la bolsa plástica de la basura de la cocina.
2- Hay que convertir los empaques de plástico en bolsas, abriéndolos con tijera. Aquí les doy una idea de cómo cerrarlas usando el mismo empaque, aunque también pueden hacerlo con los alambres de los paquetes de pan de sandwich, con una liguita (guarden las que vienen con los vegetales) o con un cordoncito o pabilo.

En mi caso, uso estos paquetes- convertidos- en- bolsas para meter la lechuga en la nevera, o para otros alimentos que necesitan estar cubiertos, pero que no caben en los contenedores que tengo. De vez en cuando las uso para meter galletitas para mis hijos en la cartera. Y practicamente las uso todos los días para los desechos de mi gata y de mi hijo. Atención, aunque usé un empaque sin publicidad para la foto, usualmente no son así, ya que son empaques de todo tipo, de arroz, leche en polvo, comida de gatos, bolsas de pan de sandwich, etc.
En el caso de la bolsa de la basura de la cocina, si hay bolsas plásticas, las uso, si no, uso un empaque de plástico transformado (por ejemplo, el de los pañales es bastante grande). ¿Cómo me cabe la basura en una bolsa tan pequeña? Vean el paso siguiente.
3- Reciclar, o separar los desechos. Esto es importante porque así también disminuimos la necesidad de bolsas plásticas. Mi pote de basura de la cocina era enorme antes de que empezáramos a reciclar, ahora es del tamaño de uno de los del baño.
La versión fearless: es la de la bloguera de The Zero Waste Home. En su casa no entran ni bolsas plásticas ni empaques de plástico (aunque sospecho que tendrá que usar aunque sea uno para el caso de la basura de los baños). Les cuento: desde que comencé a reciclar, me di cuenta que el 80% o más de lo que botamos, y no reciclamos, es comida. Y Bea – la del blog que mencioné – hace compost. Así que la explicación va por ahí, pero no está completa. En su casa casi no reciclan tampoco. ¿Cómo lo hacen? Compran al granel, y se llevan sus propios empaques y contenedores para sus compras. Tienen frascos para las carnes, bolsas de tela que lavan para los granos, hacen refill a sus botellas de vino, compran cepillos de dientes compostables y muchas otras cosas más.
Para finalizar, les dejo un video corto sobre las – esas sí son temibles – bolsas plásticas … (son solo 12 minutos) para que se enteren por qué son tan dañinas .
Podemos quitarnos el miedo a las bolsas reutilizables, a vivir sin bolsas plásticas; podemos quitarnos el miedo a lo desconocido, al “por si acaso”. Podemos tener un hogar mucho más limpio que el que ya tenemos. Es cuestión de dar el primer paso… y luego otro, y luego otro…
¡Qué tengan un gran día!
Por Michelle Lorena Hardy – Tu hogar es más grande que tu casa.
Can Americans break their “100 billion plastic bags a year” habit? BAG IT is a short documentary about plastic grocery bags. Produced by Christine Giordano, the documentary was filmed in Boston, Massachusetts where a proposed bag ban is pending passage.
Atención: Aunque se llama igual, no es el mismo video de la película BAG IT que les recomendé hace unos días.
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