Gracias por su apoyo

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Especialmente

 a los seguidores de La chica del panda tattoo,

a las mujeres Panama Kontacts y

a las Amigas venezolanas que andan por el mundo

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Ayer coloqué unos cuantos posts explicando que había terminado de escribir un libro de memorias, y que necesitaba algunas voluntarias para que lo leyeran y me dieran su opinión, antes de publicarlo.

Esa idea no fue mía, sino que la tomé de un curso que estoy haciendo sobre cómo publicar en Kindle. En el mismo, uno de los autores entrevistados decía, que al principio había cometido el error de pensar que todo el mundo estaría interesado en su libro ¿Cómo no le iba  a gustar a todo el mundo? Resultó que hasta que no ubicó su nicho, no le fue bien en las ventas. Una vez que lo hizo, le empezó a ir maravillosamente. Me reí de mí misma, porque yo pensaba igual respecto al libro que acabo de terminar.

En otra parte del curso, otro autor decía que cuando él era adolescente, había sido el segundo mejor jugador a nivel mundial de unos videojuegos, y  que si él comentaba eso en una reunión cualquiera, nadie le daba importancia. Pero que si hablaba con gente que sí jugaba el mismo juego, la situación cambiaba. Así que pensé ¿y quién está jugando lo mismo que yo? (o parecido, al menos) Así que escribí mi solicitud de ayuda en dos grupos de mujeres expatriadas, y la recepción inmediata fue increíble. No sabía que tantas personas estuvieran dispuestas a prestarme sus cerebros.

Al escribirles de vuelta, me di cuenta que a veces decía “mi libro”. Eso me hizo reflexionar, porque sí, es mi libro, lo escribí yo. Pero al mismo tiempo quiero liberarlo para que no sea solo mío.

Hace ya más de diez años, cuando me despidieron por embarazada (disculpa la falta de eufemismos, pero fue así) , comencé a escribir regularmente. Eso me llevó a realizar un Diplomado en Creación Literaria, y más tarde, a bloguear. Creyendo en aquello de que en la cantidad se produce calidad (en otras palabras, uno llega a tener calidad, después de haber practicado en cantidad) me propuse a escribir todo lo que podía. El período más difícil en cuanto a escritura se refiere, fue durante el año siguiente al nacimiento de mi segundo hijo, pues paralelamente estuve dando pecho y levantándome mucho durante las noches. También fue a lo largo de ese año que bajé (con mucho esfuerzo, con caminatas que llegaron a ser de tres y cuatro horas diarias, los 20 kilos que tenía de sobrepeso). Escribí mucho ese año, pero casi nada clasificó para el libro, porque no estaba bien escrito.  Me costaba enlazar dos pensamientos seguidos, era demasiado el agotamiento.

Cuento esta anécdota porque sé que muchas mamás se sentirán identificadas. Yo no podré contar su vida; pero puedo contar algo de la mía, y esperar que algo de lo que escriba sea considerado como suyo. En otras palabras, lo que espero es que alguien considere que ese libro “sea suyo”, o por lo menos algún artículo, o alguna frase.

En el curso que estoy haciendo tocaron el tema de los precios. Se recomienda que al principio, por no ser una autora conocida, sea de 2.99 US $. Me gustó, pues así cada vez que me tome un café, pensaré que me lo está brindando un lector (o lectora). Pero eso me hizo pensar, ¿Alguien sabe realmente lo que cuesta un libro? Yo bajé de Kindle  hace poco, uno de esos LIBROS con mayúsculas, uno que es “mío” desde que lo leí hace más de 20 años: Notre-Dame de Paris, de Victor Hugo. ¿Cuánto costó? Cero. Ponerle precio a ese libro es como ponerle precio a la Capilla Sixtina. Es imposible.  Ahora más acá, del lado de los mortales: para mí, el libro que terminé de escribir costaría como 500,000 US $ . Hay casas que cuestan eso, y este libro es como mi casa; y al igual que las casas, puedes quedar encantado cuando te invitan a entrar, ser indiferente, o incluso sentirte desilusionado. No sé cuál sea tu caso, y aunque me tenga que tragar el orgullo para aceptar las opiniones negativas,  por lo menos sí puedo estar segura de una cosa: que he escrito de manera sincera.

Muchas gracias por leerme.

Michelle L. Hardy

@chicadelpanda

Acerca de estos anuncios

Nuestro lado oscuro, digo, morado

Esta mañana le digo a S, mi hijo de cuatro años: “aquí te dejo el uniforme, para que te lo pongas. Sé que sí sabes, porque cuando papi te lleva al colegio, te vistes solo”, a lo que él responde: “y papi no está aquí”.

El otro día R, mi hija de nueve años, me dice: “Fulanita me dijo que ella se porta mal en el colegio, porque se porta bien en su casa; yo soy al revés”. Por supuesto, al igual que con el caso de S, la línea de razonamiento lo deja a uno rascándose la cabeza, preguntándose pero ¿por qué?   ¿O será que como humanos tenemos que portarnos mal en algún momento, solo que los niños son más descarados y lo admiten, mientras que nosotros los adultos, no?

Cada vez me convenzo más de que todos, toditos, tenemos un minion morado latente. Por más que queramos mostrar al mundo lo contrario, por alguna parte sale. Se puede ocultar por años y años, pero eso no quiere decir que no esté allí. Los adultos, como los niños, tenemos también nuestro lado morado. Cuando criticamos a otros y nos sentimos superiores, es un síntoma de que, o no conocemos nuestros propios minions morados aún, o se nos ha olvidado su existencia.

A veces (ok, muchas veces) se les sale el minion morado a mis hijos. Yo sé que también son el minion amarillo, y por eso no me desbalanceo  (ok, no siempre, pero casi). Sé que el minion amarillo vuelve. Ese sentimiento, esa paciencia, o ese ver más allá de las apariencias, es lo que es el verdadero amor. Es muy fácil amar a un minion amarillo, pero eso no es profundo. El amor esencial es el que sale cuando aparece el minion morado, ya sea, el de mis hijos, el de alguno de mis seres queridos, y sobre todo, cuando aparece el mío mismo.

Michelle L. Hardy

chicadelpanda.com

@chicadelpanda

Por qué muchas niñas y adolescentes abandonan el colegio

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Cuando empecé a ver cómo hacía para disminuir la basura que salía de mi casa, lei mucho el blog The Zero Waste Home, el cual tiene magníficas ideas, probadas todas por su autora. Hice algunas, otras no, pero hubo una en particular que me hizo subir un poco las cejas mientras mi programa automático pensaba, eso sí que no.

La autora decía que usaba (en vez de toallas o tampones sanitarios) una “copa” (no sé cómo se traduce al español). La sifrina (snob) dentro de mí, fue más fuerte que mis ganas de mejorar el planeta, así que allí quedó la cosa.

Sin embargo hace poco, alguien muy- muy-muy sifrino me lo recomendó por experiencia propia. Así que me dio curiosidad y vi el video de una de las fundadoras de la compañía Ruby Cup. Me enganchó totalmente, no solo porque me lo vendieron muy bien, sino por la motivación social detrás de la empresa, ya que muchas niñas y adolescentes de pocos recursos tienen que enfrentarse a la escogencia entre estas dos opciones: 1- Dejar de asistir al colegio por no poder pagar toallas sanitarias o tampones, o 2-Depender de “tíos” u otros hombres que les den dinero para comprarlas, y así poder seguir sus estudios. Es una desgarradora realidad, que recuerda la situación de desventaja que todavía viven muchísimas  mujeres en el mundo.

La idea entonces es que las jóvenes no tengan que tomar esa decisión y que la Ruby Cup sea una solución definitiva (ya que puede durar hasta 10 años). Cada vez que se hace la compra de una Ruby Cup, ellas donan una “copa” a una muchacha en África.

Aquí te dejo el video de Verónica D’Souza, una de las fundadoras ¡Espero que te inspire!

Michelle L. Hardy

chicadelpanda.com

Libros come personas

Imagen del libro "El increíble niño comelibros" de Oliver Jeffers, Fondo de Cultura Económica

Imagen del libro “El increíble niño comelibros” de Oliver Jeffers, Fondo de Cultura Económica

Ok Shakira, te perdono. Es que yo era fan de Shakira cuando cantaba “Moscas en la casa”. Luego, cuando se pudo a cantar en inglés para hacerle competencia a Britney Spears y luego a Katy Perry, perdió el encanto para mí.   Pero hoy la perdono oficialmente.

Hace rato que quería empezar un blog en inglés, y como me he visto escribiendo un tweet al día sobre las cosas que me gustan por estar haciendo los #100daysofhappiness en twitter, pues se me ocurrió algo, y ayer inauguré el nuevo blog, Pebble pathway. Resultado: tuve cinco likes en WordPress en un día, mientras que ni en este blog, ni en Rayos de colores he tenido jamás cinco likes de otros blogueros en ningún post. Por eso te perdono Shakira, ya entendí.

Hablando de otra cosa, qué curioso es tener cuatro años: por un lado los niños pequeños pueden tener una percepción aguda de lo que está pasando a su alrededor, y por otro, viven en un mundo en que la fantasía es casi tan real como el mundo físico. Por ejemplo, estábamos el otro día cenando, y mi hija mayor (que tiene nueve años) estaba echando un cuento de algo que había hecho en el colegio (y de lo cual estaba muy orgullosa), pero mi esposo y yo lo único que hacíamos era decirle “ajá” y hacerle más preguntas, así que ella repetía el asunto una y otra vez. De repente S (mi hijo de cuatro años) se da cuenta de lo que pasa y le dice, como llenando el espacio que deberíamos haber llenado su papá o yo: “Felicitaciones R”.  Así que reaccionamos, y repetimos como loritos “verdad R, felicitaciones”. Le sonreímos mientras me  preguntaba cómo él se había dado cuenta antes que nosotros, que ella lo que quería era que la felicitáramos,  para así poder pasar a otro tema.

En otra cena, S me pregunta “Mami ¿tenemos libros come personas?” , a lo que tuve que hacerle como diez preguntas más para entender de qué estaba hablando (¿estará hablando de caníbales?) . Finalmente me dijo que “si teníamos un libro come personas como en el cuento de El Niño Comelibros“. Aliviada, le dije que no, que esos libros no existían,que  incluso en el cuento, el niño soñaba con uno de esos libros, etc. Sin embargo, él no me había preguntado si “existían”, sino que si “teníamos”, por lo que sospecho que, a pesar de mi explicación, él da por sentado que sí existen, y que solo quería tener la seguridad de que no hubiera ninguno en su casa.

Hasta aquí llego por hoy, porque (citando al personaje central de este post) “tengo casi sueño”. ¡Gracias por leerme! Hasta el próximo post.

@chicadelpanda

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Nosotras

“¿Nosotras? ¿Hay alguien más aquí?”, le preguntó Atreyu a Morla.

“Nosotras no hemos hablado con nadie desde hace miles de años,

así que empezamos a hablarnos a nosotras mismas”,

le respondió la vieja tortuga.

(La Historia Sin Fin, Michael Ende)

Hablando con nosotras mismas nos hemos encontrado últimamente. Nos hemos dado cuenta que nos gusta hablar la una con la otra (por la falta de blog), y que una tiene cosas que recordarle a la otra… ya, ya, calma que no estoy loca (creo, jeje). Hablar consigo mismo (me enteré ayer) hasta lo recomiendan en Sesame Street. Es una manera de recordar el objetivo en mente, de enfocarse, de no distraerse de la meta. “Eye on the goal” (¿O es “the ball? Anyway…)

Así que estamos diciéndonos a nosotras mismas ciertas frases durante el día, para no distraernos con la realidad… jajaja, eso suena un poco loco también, a ver, me explico. Es que a veces el día a día  puede ser árido, entonces  se nos olvida que tenemos una mente que es un océano. Así que la Chica del Panda Tattoo le dice a la mamá-lavaplatos que tiene que vivir con la expectativa de que ocurran cosas maravillosas: “vive con la expectativa de que te ocurrirán cosas increíbles”  (ha estado oyendo demasiado el Morning Uplift de The Honest Guys).

Nosotras estamos editando un libro maravilloso (ya les habíamos dicho que iban a ocurrir cosas maravillosas en nuestras vidas ¿No?) que es nada más y nada menos que lo mejor de este blog. Se llama “Siete maletas y siete ciudades, relatos de una mamá con sueño”. Nos encanta editar, pero también extrañamos escribir, así que aquí estamos. Pero  no hemos blogueado desde hace miles de años y empezamos a sospechar que se nos está olvidando cómo…

@chicadelpanda

chicadelpanda.com

Oídos prestados

 

 

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De repente ayer, un día como cualquier otro, me traen el café más bello de mi vida, y además, con la imagen de un oso (si esto no es una señal del destino, no sé qué es, jeje). Así que  me tocó escribir. No he estado posteando con regularidad porque estoy  editando un libro con lo mejor de este blog, y como he estado blogueando desde el 2010, me está tomando una buena tajada de tiempo; pero estoy feliz pues ya por fin se le está viendo forma.

He estado trabajando en cafés, en mi casa, en la biblioteca, e incluso en gran parte de las dos semanas de vacaciones de mamá que estuve en Caracas (fui  a visitar a mis papás, sin mis hijos). Sin embargo,  en los cafés aquí en Ciudad de Panamá, aunque he hecho todo lo posible en concentrarme en lo mío, no  he podido dejar de prestar atención a las entrevistas de trabajo, o de agentes de bienes raíces, a venezolanos que, según he podido oír sin querer-queriendo, acaban de llegar. Algunas parecen legítimas, pero en otras me provoca voltearme y decirles “¡Huye por la derecha!” Ya se verá  en qué terminará este experimento social en que tanta gente preparada llega a un país tan pequeño, en tan poco tiempo (no son solo venezolanos, por cierto, también están llegando, pero en menor cantidad, argentinos, españoles e italianos).

Volviendo a lo del libro, espero tenerlo listo pronto y que lo disfruten, para que vean, oigan y sientan con los ojos, oídos y piel, no solo míos, sino de mis hijos también, ya que los mundos de otros enriquecen los propios. Por ejemplo  anteayer S (mi hijo menor de cuatro años) me dijo, mientras ordenaba su cuarto: “mami escuché una ballena” y yo sorprendida y maravillada a la vez, pues hacía unos pocos minutos había terminado la práctica de una banda marcial colegial que tenemos cerca, la cual me estaba volviendo loca. Es decir, yo malhumorada por  el estruendo, y él escuchando  ballenas, desde el mismo apartamento y casi al mismo tiempo (él las “oyó” después de que terminara el ruido) “¿De verdad?” le pregunto, y me dice “sí, estaba ahí en el mar”, y señala hacia el Océano Pacífico, el cual se ve desde su habitación. “¿Y yo la puedo oír?” le pregunté y me dijo sin mirarme, mientras seguía ordenando sus juguetes, “sí”. Sonreí, mientras pensaba, gracias S por prestarme tus oídos para oír ballenas. Te quiero.

 

Un puntito con un rayo láser rojo

Imagínate que somos personajes de ficción  tú y yo, y que nos elevamos  como quien está viendo Google Earth, y que llegamos a estar tan alto que vemos a los carros como hormigas y a la gente como puntitos. “Vistos desde aquí, las personas  no somos más que puntitos”, me dices y te guiño el ojo. Nos elevamos más. Entonces, como si estuviéramos viendo un mapa decidiendo a dónde queremos viajar, nos damos cuenta que nuestra ciudad no es sino otro punto. “Nosotros, entonces, somos un minúsculo puntito que hay que imaginarse  dentro del puntito que sí se puede ver, que es la ciudad”, me dices y yo sonrío. Seguimos subiendo y salimos al espacio. Ahora el punto que se puede ver es la Tierra.

Seguimos subiendo y subiendo, y pasan a ser puntitos, primero el sistema solar, luego incluso la Vía Láctea. Ya a estas alturas hay que usar muchísimo la imaginación para recordar a aquellos puntitos  microscópicos que vimos al principio, es decir, a los humanos: 7 mil millones de puntos que existen dentro de otro punto minúsculo que ni se ve desde donde estamos.

Entonces llegamos al confín del universo y nos encontramos con un montón de escritores enormes, que tienen la capacidad sobrehumana de vernos y oírnos. Uno de nosotros les dice: “¡Los descubrimos! ¡Sabemos que existen! ¡De ahora en adelante hacemos lo que nos dé la gana!” y les sacamos la lengua. Algunos de los escritores, los más viejos, se ven mutuamente y se sonríen entre sí. “Ponles un rayo láser rojo a cada uno de estos dos” le dice un escritor a otro, y los dos minúsculos puntitos imaginados que somos tú y yo adquirimos cada uno un rayo láser rojo.

“¿Para qué les ponen un rayo láser?” pregunta uno de los escritores más jóvenes.  “Para saber por dónde van, qué hacen y que piensan. Como ya se dieron cuenta de lo que son, y que pueden hacer lo que quieran,  tenemos que ir reescribiendo todo alrededor de ellos.  Cada cierto tiempo alguno se da cuenta, y cada vez hacemos lo mismo”.

Y así es como un personaje de ficción toma control de su vida.

The end